Después de mi primer articulo sobre prefiero a Drácula, un verdadero antiturifruti se me acerco y me dijo, (palabras más palabras menos) que eso era anticuado de hace dos años, ¿qué piensa usted? Tiene o no tiene vigencia el tema. Además veo en muchos de los perfiles de quienes se idéntica como "evangélicos" en Facebook que tienen entre sus libros favoritos la colección de "Crepúsculo". Aquí les presento una colección de escritos sobre el tema, He tratado de citar la fuente cuando se ha podido.
El fenómeno de los vampiros no es nuevo desde hace décadas hemos visto la evolución de estos personajes de la literatura, desde el siglo XIX. Hay personas que se han dedicado a estudiar este fenómeno y lo comentan.
"Para Milly Williamson, autora de un libro sobre la fascinación sobre los vampiros, los cambios culturales en la representación de los vampiros revela mucho sobre la propia sociedad que la genera. Ha habido un "gran cambio", afirma Williamson desde el vampiro representando como un forastero exótico -como en la poesía romántica del siglo XIX y más adelante en "Drácula", de Bram Stocker (1897)- al vampiro visto como un rebelde excéntrico. "Desde la década de los '70, el vampiro ha adquirido una imagen fresca, de muchacho travieso, exótico y sexy", afirma. "Se convirtió en un ser compasivo, alguien que inspira simpatía".
Pero advierte que el fenómeno no es completamente nuevo.Ya en el periodo Romántico, en el siglo XIX, cuando había una gran fascinación con los "vampiros" de Europa del Este, "se consideraba al vampiro como un ser lleno de sufrimiento, que padecía las contradicciones entre su esencia y sus deseos y lucha contra ellos", explica Williamson. Aunque esto es muy significativo, es un aspecto del acervo sobre los vampiros que no se había expuesto hasta los '70, dice la escritora.
"El vampiro es un símbolo muy flexible de cosas muy distintas. Puede ser una amenaza para nuestras vidas, pero también puede ser un incentivo para apartarnos de nuestras vidas", afirma. Para Williamson, la clave en estos cambios en la representación de los vampiros -de algo amenazante a algo tentador- yace en las rebeliones sociales de los '60. "El movimiento contracultura cambió la manera que tenemos de percibir a los que están supuesta mente afuera de la sociedad tradicional. El movimiento acogía a los de afuera en lugar de denigrarlos"
El vampirólogo Bruce McClelland, autor de un libro de historia sobre los vampiros, está de acuerdo. "Lo que ha cambiado no es tanto el vampiro, sino nuestras actitudes hacia los excluidos, los herejes", asegura. De hecho, McClelland afirma que, según sus investigaciones, la palabra "vampir" era un término eslavo para describir a los herejes, los que estaban fuera de la comunidad cristiana.
Agrega que en diferentes momentos de la historia, y por razones muy distintas, los vampiros han sido acogidos o relegados en las manifestaciones culturales. Asegura que para muchos Románticos e izquierdistas del siglo XIX el vampiro se convirtió en el símbolo de cómo la sociedad minaba la voluntad de la gente durante la Revolución Industrial. "Drácula", recuerda McClelland, fue publicado durante la Revolución Industrial.
En tiempos más recientes, el movimiento "gótico" rescató la iconografía de los vampiros "porque se identifican con ese aspecto de chivo expiatorio del vampiro, que siempre es rechazado por la sociedad", dice McClelland.
(Parafraseando Brendan O'Neill / BBC Mundo / Iglesia En Marcha.)El atractivo de la serie de novelas consiste en la seducción que produce la idea de un "amor prohibido" así como la nueva descripción que hace de los vampiros, presentándolos como criaturas capaces de controlar sus instintos obscuros y convertirse en personas refinadas y agradables, todo ello mediante la fuerza de voluntad. Sin embargo el riesgo de que aparezca el lado malo permanece y deben estar siempre en guardia
Crepúsculo (1), de Stephenie Meyer, apareció en octubre de 2005. Se ha traducido a veinte lenguas y ha recibido numerosos honores: libro escogido del director del New York Times, mejor libro del año de Publishers Weekly y mejor libro de la década hasta ahora de Amazon.com.Las dos primeras continuaciones, Luna nueva (2) y Eclipse (3), alcanzaron el número uno de la lista de libros más vendidos del New York Times. Eclipse arrebató el puesto al volumen final de Harry Potter en sólo tres semanas. La cuarta entrega, Amanecer (4), acaba de salir.
Enamorada de un vampiro
La serie cuenta la historia de Bella Swan, de 17 años, y su relación de "amor prohibido" con Edward Cullen, un vampiro con apariencia humana.
Bella es llana, desgarbada y propensa a accidentes, pero en la lluviosa Forks, adonde acaba de mudarse, disfruta de popularidad por ser la chica nueva del pueblo. No tiene verdaderos amigos, ninguno con quien esté por gusto. Tiene una relación superficial con su padre Charlie; "aborrece mentirle", pero lo hace a menudo "por su propio bien".
Edward tiene 100 años, pero como los vampiros no envejecen, se quedó en los 17. Es perfecto lo mires por donde lo mires: guapo, fuerte, rápido, inteligente, inmortal...; pero, aunque parezca mentira, nunca se había enamorado hasta que conoció a Bella, cuya sangre tiene una fragancia que le resulta irresistible.
Jacob Black, de 16 años, es un hombre lobo, enemigo mortal de los vampiros. Su declaración de amor por Bella convierte el romance en un triángulo amoroso.Sensualidad en grandes dosis
La historia de amor es lo que hace al libro irresistible para las adolescentes y veinteañeras. En particular, el aspecto corriente y no muy bien descrito de Bella facilita que las lectoras se pongan en el lugar de ella. Decenas de millares se unen a grupos de Facebook y MySpace con títulos como "Estoy loca por Edward Cullen", o añadiendo se apuntan como amigas a los cientos de perfiles que existen de él. Conseguir atraer al hombre más perfecto que haya existido sin necesidad de ser guapa, sin más que esconderse tras el nombre de Bella, es el sueño de cualquier adolescente.
El libro describe, morosamente, el estado de perpetuo embeleso: el escalofrío que te viene cuando alguien te atrae tanto, que te quedas sin aliento, el corazón se desboca, no puedes pensar... Es muy, muy sensual. Así describe Meyer el romance adolescente: "Es la primera vez que te enamoras, la primera vez que besas a alguien. Todos esos sentimientos son mucho más fuertes. Aún no te has endurecido… todo es intenso, así que escribir sobre ello es muy divertido".De un libro a otro, la historia va haciéndose más explícita. No traspasan el límite, porque Edward empieza hablando de proteger la "virtud" de ambos. "No –promete solemnemente–. Lo intentaremos, te lo juro. Cuando te hayas casado conmigo".
En medio de tanta sensualidad, ese comedimiento parece incongruente, incluso suena a falso, pues la idea aparece solo después de capítulos enteros de sensualidad, y la "virtud" resulta no ser más que una raya que no se puede cruzar. Pero, ¿quién podría llegar tan lejos y guardar su "virtud"? Parece una fórmula para acabar con un montón de madres adolescentes desencantadas.
La autora:
Hace cinco años Stephenie Meyer, un ama de casa americana mormona de 34 años, licenciada en literatura inglesa por la Universidad Brigham Young, tuvo un sueño: una joven adolescente se enamoraba de un vampiro. Ese fue el arranque de Crepúsculo, el primer libro de una saga de cuatro que ya ha vendido 17 millones de ejemplares en todo el mundo, cuenta con miles de sitios en Internet y se ha llevado al cine con gran éxito de taquilla.
Sobre todo, Meyer ha conseguido que un público que se escaquea de la lectura devore libros que superan con creces las 500 páginas. Pero el planteamiento de la saga no es tan inocente ni real, y no solo por los vampiros…
Meyer es una mormona practicante que estudió en la Brigham Young University, dirigida por su misma Iglesia, en la que el sexo prematrimonial se considera "una violación del código de honor", según dijo ella en una entrevista. Como madre de tres chicos, le pone enferma ver cómo la gente joven arruina su vida con el sexo, y espera que sus hijos "sean bastante listos para tomar las decisiones acertadas". Con su madre como guía, desde luego tendrán que ser muy listos.
Meyer parece pensar que una ética de prohibiciones es el pasaporte del alma para entrar en el cielo, como Edward da a entender: "La mayoría de las religiones creen que hay algunas normas que cumplir". Qué contraste con el mensaje del Papa Juan Pablo II en su teología del cuerpo, que entiende el sexo, las relaciones y la afectividad como dimensiones maravillosas de la vida humana, que se han de custodiar y afirmar: no solo por el miedo al infierno, sino para que los seres humanos realicen todas sus capacidades en libre y total don de sí que supere el egoísmo.
Esta visión de las relaciones sexuales no impide que, en la novela, los dos amantes lleven sus manifestaciones de pasión hasta el límite. El ambiente que rodea a su exaltada pasión es de una extremada sensualidad, envolvente, muy erótica y aquí sí, bastante descriptiva, aunque siempre cuidando no caer en la pornografía (prohibida por los mormones); los novios se besan y acarician casi en cada página; Edward pasa las noches abrazado a Bella y la joven insiste en probar continuamente la resistencia del vampiro.
Otro problema de estas novelas es la completa falta de realismo en las expectativas puestas en el protagonista masculino. Después de un siglo resistiéndose a la sangre humana, este vampiro tiene la fuerza para resistirse también a pasar la raya sexual. Pero que una chica llegue tan lejos con un chico de 17 años y después espere que sea tan fuerte como Edward, no es realista ni justo.
Por otra parte, la autora da una importancia vital al plano físico y sexual de la relación. Esto es patente especialmente en la cuarta novela –la más explícita en sus descripciones porque los protagonistas están casados– en la que, prácticamente, se valora la solidez del matrimonio por el nivel de satisfacción física.
Frente a una cultura como la actual que bombardea al joven con imágenes y expresiones sexuales muy explícitas, violentas y directas, se entiende que muchas chicas se vean atraídas por las románticas, eróticas y aparentemente respetables manifestaciones afectivas de Crepúsculo, donde además es siempre el chico el que cuida la virtud de la chica.
Un lector adulto se da cuenta, en seguida, de que esta visión de la afectividad y la sexualidad, vivida siempre al límite, es –como señalaba una crítica publicada en el Washington Post– una "extraña defensa de la abstinencia". Extraña por irreal, imposible, forzada y, en ocasiones, morbosa, por encuadrarse en un entorno de peligro físico para Bella y por la continua confusión entre el apetito sexual y el deseo de sangre.
Para este mismo lector, es claro también que la relación entre Edward y Bella, muy centrada en ellos mismos y absolutamente obsesiva, es más enfermiza que sana; que el retrato de Edward –que, además de novio, amante y amigo de Bella, actúa como padre y superhéroe y carece de cualquier defecto– es eso, una ficción irreal, o que para construir un matrimonio y una familia hace falta algo más que riesgo pasional y efluvios hormonales. La cuestión es que la saga Crepúsculo no la leen los adultos, sino colegiales de entre 12 y 18 años.
En definitiva y, a pesar del éxito de ventas, la obra es narrativamente floja, ideológicamente muy confusa y, aunque está dirigida a los adolescentes, su contenido es más propio para adultos. Además, para leerla –2.500 páginas– hacen falta muchas horas, horas que quizás compense invertir en una literatura de vuelo más alto.
Esto me recuerda a las chicas que llevan el mínimo de ropa posible y después dicen que si el chico no se domina, es culpa de él. ¡Qué maravilloso sería tener a un chico que estuviese increíblemente atraído hacia ti pero que nunca tuviera contigo un pensamiento ni un comportamiento "utilitario"! Muchas chicas se han percatado de la falta de realismo en el personaje de Edward, como se puede ver en los grupos de Facebook.
Una cuestión más es la burla que se hace de la autoridad paterna en este tema. Cuando Charlie, el padre de Bella, trata de hablarle sobre sexo responsable, ella le grita "¡soy virgen!". Ella sabe que su padre se llevaría un sofoco si supiera que Edward ha pasado la noche en su habitación (mirándola, pues los vampiros no duermen), pero desecha la preocupación de Charlie con un "¡no va a pasar nada!". Entonces, en el párrafo siguiente, Bella tiene el cuerpo pegado al de Edward (con una sábana en medio), está sin aliento (otra vez), y él lucha por no dar rienda suelta a su deseo, tanto humano como de vampiro.
- ¿Qué mensaje transmite todo esto a las chicas? La única cosa que hace que la vida valga la pena es que tengas tu hombre (irrisiblemente atractivo). Olvida todas tus otras aspiraciones: amigos, familia, intereses, educación... Hacerse vieja es peor que morir. El amor está basado en las apariencias y en la atracción física.
Esta sección es un resumen del original publicado en MercatorNet. Evaluar tu.


1 comentarios:
El antitutifruti ese anda bien perdi'o porque esos libros y esas peliculas siguen siendo tema y dan pa rato...
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